En breve será un hecho. A partir de 2028, usted irá a cualquier comercio a comprar frutas y verduras para su mesa y ya no podrá saber si éstos han sido modificados genéticamente. La Unión Europea cercena definitivamente otra libertad más a los europeos: el derecho a conocer el origen y tratamiento de los productos que compra.
Las corporaciones que tienen intereses en la modificación genética de los alimentos ven así abierta otra puerta más hacia el dominio de la producción alimentaria bajo el auspicio de una institución corrupta que poco trabaja en la defensa de los intereses de la ciudadanía.
Las autoridades sanitarias, siempre al servicio de unos pocos, tratan de tranquilizar a la población con una mentira habitual. Desde la OMS nos transmiten que los alimentos modificados son seguros para nuestra salud por haber pasado los controles sanitarios y de calidad según los más rigurosos procedimientos. Exactamente el mismo mensaje que impusieron en todo el mundo respecto, por ejemplo, a las timo vacunas Covid que tantas vidas costaron y tantas enfermedades crónicas han provocado.
Riesgos para la salud
- Reacciones alérgicas: La introducción de proteínas de una especie ajena puede transferir alérgenos a alimentos que antes no los tenían, provocando respuestas de hipersensibilidad en personas susceptibles.
- Resistencia a antibióticos: Existe el riesgo teórico de que los genes marcadores de resistencia a los antibióticos utilizados en la ingeniería genética se transfieran a las bacterias del tracto digestivo humano o animal, reduciendo la eficacia de ciertos medicamentos.
- Toxicidad o cambios nutricionales: La alteración del ADN puede activar genes latentes o alterar el metabolismo de la planta, generando niveles inesperados de sustancias tóxicas naturales o alterando la composición nutricional de forma desconocida.
Impactos en el medio ambiente
- Pérdida de biodiversidad: El flujo genético por polinización cruzada puede transferir genes modificados a plantas silvestres emparentadas o cultivos convencionales, alterando las poblaciones naturales.
- Aparición de súper malezas e insectos resistentes: El uso masivo de cultivos diseñados para resistir plagas o herbicidas puede presionar a los organismos objetivo para desarrollar resistencia, o crear plantas invasivas difíciles de controlar en los ecosistemas.
- Daño a la fauna beneficiosa: Ciertas toxinas introducidas en plantas para repeler plagas también pueden afectar de manera indirecta a insectos y animales que no son el objetivo principal de la medida.
Factores socioeconómicos
- Control del mercado y patentes: El registro de semillas modificadas por parte de grandes multinacionales puede limitar la autonomía de los pequeños agricultores, quienes dependen de la compra anual de nuevas simientes en lugar de reutilizar las de su cosecha.
- Monocultivos: El impulso de variedades altamente productivas fomenta la agricultura intensiva en detrimento de la diversidad de cultivos tradicionales.
