En el alumbramiento de ETA estuvo presente la Iglesia Católica. Es un hecho documentado. Fue un nacimiento auspiciado por varios progenitores, mal que le pese a muchos que, o bien no quieren reconocer que aquello que defienden tiene responsabilidad en el horror sembrado por la banda criminal, o bien son tan ignorantes que no se atreven a investigar para no descubrir una verdad que hace décadas no está tan oculta como antaño. Los asesinos de ETA hallaban refugio en sacristías y cómplices en ciertas parroquias vascas. Porque, si la Iglesia Católica catalana ha sido semillero de independentistas de toda índole, la vasca no solo no se ha quedado atrás y, además de ideólogos y curas afines a los terroristas, ha aportado protección e infraestructura a quienes mataban y secuestraban. Y lo hacía sin haber recibido una sola amonestación pública del Vaticano ni de los respectivos papas que han ocupado su trono.
En la actualidad los terroristas están en excedencia. De momento no matan. No lo necesitan porque han conquistado las instituciones con la necesaria ayuda de políticos que militan en partidos que cuentan con numerosas víctimas mortales de ETA, curiosamente. Respecto a esa facción de la Iglesia Católica que, en tiempos, daba refugio a asesinos, mazmorra a secuestrados y negaba funerales a asesinados, sigue estando ahí para lo que haga falta, siempre cuidando de sus amigos.
Editorial de César Vidal en su canal de YouTube