Ni Rajoy con su apatía y su histórica traición a sus votantes, ni zapatero con el desastre en el que sumió a España desde el primer día de su mandato, fueron tan odiados por toda España (literalmente por toda España) como lo es Sánchez, el mandatario más indigno que está sufriendo nuestra nación en los últimos siglos.

Su imagen internacional, a pesar de ser seguramente uno de los esclavos más aplicados de las élites globales, es pésima y sin interés alguno para el los demás representantes internacionales y medios de comunicación. Su último discurso en la ONU apenas tuvo público y su posterior charla con estudiantes de Harvard solo sirvió para dejarlo en evidencia como corrupto.
En España, es el político más despreciado incluso para no pocos militantes socialistas. Lo que le ha sucedido en esta ocasión a Sánchez, el desprecio absoluto, es lo habitual desde hace años. Y así seguirá siendo muchos años después de que salga de La Moncloa. Por propios méritos.