José Luis Ábalos es el ejemplo perfecto de político prepotente que se sirve de su posición de poder para acallar críticas y laminar a disidentes. Como él hay muchos, pero ha sido uno de los casos más representativos de político y cargo público chulesco y prepotente en la última década.
La periodista Cristina Seguí ha sido una de las voces disidentes que, durante años, más ha aireado las vergüenzas políticas (y privadas si se pagaban con dinero público y/o de comisiones ilegales). En contrapartida, Ábalos la crucificaba a querellas tratando de arruinarla y silenciarla, método muy utilizado por políticos que no aguantan ni las críticas ni la disidencia. El acudir a los tribunales, para ellos, es un acto de venganza en el que juegan con ventaja, no solo por sus desorbitados sueldos con los que se permiten todo lo que desean, también porque tratan de pagar sus gastos legales con el dinero del contribuyente. Hoy Seguí anunció en su X que el tribunal falla a favor de ella y condena al exministro.
El chulesco Ábalos tiene lo que merece: estar en prisión. Y también merece seguir perdiendo querellas; las que puso a Cristina Seguí, Periodista Digital, Alvise Pérez…, sin otro ánimo que cerrar bocas y arruinar vídas. Seguramente ahora el que calla es él en su celda.
«En el día de hoy, la Audiencia Provincial Civil de Madrid y el TRIBUNAL DE INSTANCIA DE MADRID. PLAZA Nº 9 ha confirmado la condena en costas de más de 21.759, 22 euros a @abalosmeco como consecuencia del archivo de otra demanda que interpuso contra mí, y contra @periodistadigit por hacerse eco de mis tuits en 2021. Ha sido un largo y complicado camino en el que sus 5 demandas en 5 años, con petición de indemnizaciones de 120.000 euros, y el uso de policías cloaqueros para rastrear datos personales míos, han terminado por complicarle aún más su delincuencial y complicada vida. Por complicado y agotador que parezca, levantad la cabeza, nunca os desdigáis de lo que sabéis que es verdad, y aguantad siempre: El que resiste vence.