Según un controvertido discurso de campaña de Robert F. Kennedy Jr. que ha provocado la reacción de los medios de comunicación progres, las culturas árabes e islámicas no aportan mucho valor a la humanidad en su conjunto debido al auge del extremismo fundamentalista. Una verdad incuestionable que muy pocos se atreven a exponer en público.
«Hay 500 millones de árabes en el mundo», dijo Kennedy Jr. «Y, sin embargo, no producen ciencia. No ganan el Premio Nobel. No ganan el Premio Fields. No ganan el Premio Wolf. No producen literatura».
Las declaraciones de RFK Jr. en un mitin de campaña republicano en Grand Rapids han provocado una gran polémica en los medios , en gran parte porque su pasado en el partido demócrata da mayor peso a sus recientes críticas a la cultura islámica. En los círculos occidentales progres e independientes, esto es simplemente inaceptable.
El lunes por la noche, el secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., habló en un mitin republicano para incentivar la participación electoral en Grand Rapids, Michigan, donde se libra una batalla política crucial entre el candidato republicano Mike Rogers y el candidato demócrata musulmán y partidario de la inmigración, Abdul El-Sayed.
El-Sayed ha sido objeto de críticas en las últimas semanas tras la difusión de información que indicaba que, en 2012 (cuando era estudiante de medicina en la Universidad de Columbia), fue uno de los 46 firmantes de una declaración en árabe publicada en el sitio web de noticias egipcio Al-Ahram Gate. En dicha declaración expresaba su apoyo a los Hermanos Musulmanes y al régimen de Mohamed Morsi (una figura destacada de la organización).
El comunicado instaba explícitamente a Morsi a «purgar los medios de comunicación y la policía lo antes posible» y criticaba la oposición estadounidense y europea.
Los medios de comunicación de izquierda se apresuraron a defender el islam y atacaron a RFK, tildándolo de «fanático». Como suele ocurrir con los periodistas de izquierda, se centran en las excepciones a la regla en lugar de admitir que ésta existe. Afirman que, en términos absolutos, los comentarios de RFK son falsos, citando algunos contraejemplos de científicos y escritores árabes que han ganado premios en las últimas décadas. Pero todo lo que pueden ofrecer a su público son éso; excepciones.
El argumento de Kennedy se centraba principalmente en los efectos negativos de los Hermanos Musulmanes en el mundo árabe. Además, los medios de comunicación no mencionan que casi todos sus ejemplos de «excelencia árabe» son árabes que viven en países occidentales.
En general, RFK tiene razón. Las instituciones árabes locales no han obtenido ningún Premio Nobel de Ciencias ni Medalla Fields en las últimas décadas. Todos los trabajos científicos de alto perfil realizados por árabes se produjeron después de que se trasladaran a Estados Unidos, Reino Unido o Francia. En otras palabras, cualquier árabe que desee lograr algo en el campo de la ciencia debe abandonar el mundo árabe para poder hacerlo.
En términos per cápita, las contribuciones islámicas a estos campos son increíblemente bajas, y cualquier logro destacado depende de personas que viven en Occidente. Solo Estados Unidos ha otorgado cientos de premios Nobel de ciencias. Europa Occidental ha producido muchos más premios que todo el mundo árabe en conjunto, a pesar de tener poblaciones totales similares o menores.
Los progresistas han modificado la percepción que tienen de los musulmanes, presentándolos como una «raza» cuando en realidad el islam es un movimiento religioso / ideológico. Esta fue una estrategia para hacer casi imposible criticar el islam sin ser acusado de «intolerancia».
Lo cierto es que las naciones islámicas han aportado muy poco valor al mundo en el ámbito intelectual, y su única exportación, además del petróleo, parece ser millones de musulmanes. El islam ha demostrado ser un anatema para los derechos humanos fundamentales y el progreso científico; sin embargo, se supone que los críticos no deben señalar las evidentes incompatibilidades entre la ideología musulmana y la cultura occidental.
La fascinación de los demócratas por los musulmanes resulta sumamente extraña, dado que los valores progres de hedonismo total y sin restricciones chocan directamente con los valores islámicos de control y represión absolutos. La razón por la que solo estos dos grupos han podido formar una alianza radica en su agenda común: destruir Occidente. Y si lo logran, no cabe duda que los progres que tanto defendieron a los musulmanes serán precisamente el objetivo de éstos últimos,