“Tecnologías militares entregadas a la gente bajo el pretexto de ser creadas por personas comunes cuando, en realidad, son sujetos usados como estandartes para vendernos dichas tecnologías”.
Las grandes corporaciones comenzaron a vendernos tecnología por dosis desde la década de los 80s, precisamente cuando los avances digitales comenzaban a sustituir a lo analógico.
Por ejemplo, tras el salto de los microprocesadores 486 al Pentium, nos contaron que aquello era la antesala del “cambio transformador informático” (tanto a nivel usuario como profesional), porque se suponía que abría el camino del “Hexium”.
Pero, como suele suceder, el afán “económico” de quienes dictan cómo debe ser el mercado dio pie a la aparición sucesiva de modelos y modelos de Pentium, estirando el negociazo como si fuera un chicle… sin que asomara por ninguna parte el mencionado Hexium.
Y así, desde entonces, muchos de los “avances” tecnológicos de todo tipo, generando una delirante carrera por “tener lo último” no han sido otra cosa que estirar durante años un producto que podían habernos vendido en óptimas condiciones desde su aparición en el mercado, pero que fueron “liberando” en sucesivas actualizaciones y versiones mejoradas cada medio año o cada año, como el anterior ejemplo de los procesadores, o como los lectores de CD durante una década más los años del DVD, las grabadoras, los móviles, los Smart phones, las TVs…
¿Qué y quién hay realmente detrás de las grandes corporaciones que nos venden productos de gran consumo de toda índole? ¿Por qué mantienen a un público dócil en continuo un afán de gasto para obtener lo más actual? ¿Realmente solo buscan los mejores beneficios económicos, o detrás de los grandes resultados empresariales hay algo más profundo?