Es la crónica de una muerte anunciada. La multinacional sueca Volvo, fundada hace 99 años, ha anunciado una caída en sus ingresos del 23%, por la disminución de sus ventas en China, y el despido de 2.500 trabajadores. El anuncio ha provocado su hundimiento en bolsa, perdiendo casi un tercio de su valor.
Al tiempo que el automóvil chino invade Europa, el europeo es expulsado de China. Es en parte el resultado de las equivocadas políticas climáticas europeas que han descargado buena parte del coste de la inútil descarbonización sobre la industria del automóvil, sirviéndole el triunfo en bandeja a China.
La reducción de emisiones de CO₂ en Europa se consigue trasladando la producción industrial a Asia sin afectar a las emisiones globales. Europa lleva décadas acumulando deuda cuyos intereses paga con los ingresos por sus exportaciones. Al caer éstas, la insostenibilidad de su deuda se está disparando. Diría que la crisis de deuda europea que se avecina hará arder las calles, pero es que ya están empezando a arder y aún no ha llegado. Nuestros gobernantes son peores que los médicos medievales que recetaban sangrías, acelerando la muerte del paciente.