Nunca he comprendido muy bien esa rara y estúpida costumbre de hablar bien y con tono de condolencia de un fallecido que ha sido en vida mala persona o cuyas actuaciones han causado más desgracias que bienes. Bajo mi punto de vista, es mucho más sincero permanecer callado si no es el momento de ofender a amigos y familiares antes que lamentar falsamente el fallecimiento de alguien que no merecía precisamente el cariño de muchos. Esto me sucede especialmente con políticos y con personajes cuyas trayectorias fuera de lo público han sido sinónimo de maldad y depravación aunque sus trayectorias políticas hayan estado revestidas de glamour, gloria y admiración. No sería yo quien aprovechara los fallecimientos de tales personajes para echar en cara a sus seres queridos lo que fueron y significaron en la desgracia de muchos. No en esos momentos. Pero aún menos seré yo quien publique loas a quienes no las merece por el hecho de haber muerto. Si cierto es que la muerte nos iguala a todos en cierto sentido, no es menos cierto que la muerte no nos hace mejores a nadie. O, al menos, no debería ser así.
«FÁTIMA BÁÑEZ: LA MUJER QUE HUNDIÓ TUS PENSIONES Y EMPUJÓ A TODOS A LA VACUNACIÓN MASIVA». Por Carlos Garcés.
Hoy hemos conocido su fallecimiento en un accidente de tren. Más allá de las circunstancias de su muerte, lo que no debemos dejar de recordar es lo que hizo mientras estaba en vida.
Que nadie se deje engañar por los obituarios suaves y las palabras amables que hoy salen en los medios. Fátima Báñez no fue simplemente «una política más». Fue una de las personas del PP más dañinas que ha pasado por el Gobierno de España, y su legado no merece respeto, sino memoria. Memoria clara de lo que hizo, para que no nos vuelvan a engañar.
LA QUE TE RECORTÓ LA PENSIÓN A LA MITAD DE LA VIDA
Como ministra de Empleo y Seguridad Social del Partido Popular, fue ella la responsable directa de la infame Reforma de Pensiones de 2013. Una reforma cruel y calculada que rompió el compromiso del Estado con sus mayores: desvinculó la subida de las pensiones del coste real de la vida para imponer un índice miserable que entregaba a nuestros ancianos una miseria del 0,25% anual durante años y años.
Mientras el dinero perdía valor, mientras todo subía menos sus pensiones, ella les daba una limosna insultante. Millones de personas que habían trabajado toda su vida vieron cómo, precisamente cuando más lo necesitaban, les empobrecían de forma programada. Fue un robo legalizado a cara descubierta contra quienes construyeron este país. Y ella lo defendió con firmeza de acero, sin un solo titubeo, sin un solo gesto de compasión.
LA QUE PUSO A LAS EMPRESAS AL SERVICIO DE LA VACUNACIÓN OBLIGATORIA
Y cuando dejó el ministerio, no se fue lejos. Pasó a presidir la Fundación CEOE, desde donde convirtió el mundo laboral en una correa de transmisión para la campaña de vacunación masiva de la falsa pandemia y enfermedad del COVID. Fue ella quien impulsó que las empresas, las mutuas y los centros de trabajo se convirtieran en escenarios de presión para que todos se inyectaran esas dosis experimentales sin apenas información ni consentimiento real. No respetó la intimidad ni la libertad de nadie: convirtió tu propio puesto de trabajo en un lugar donde te empujaban a vacunarte so pena de quedar excluido. Miles de personas sufrieron daños graves tras esas inyecciones, y ella jamás dio una sola explicación.
ESTE ES SU VERDADERO ROSTRO
Que descansar en paz sea asunto de su conciencia. Pero que nadie nos pida a nosotros olvidar ni perdonar. Fátima Báñez representó lo peor de una casta política que recorta Derechos mientras se cuida muy bien de los suyos. A nuestros mayores les dio 0,25% y a las grandes empresas y a las farmacéuticas les abrió todas las puertas. Ese fue su legado: miseria para los que menos tienen y obediencia ciega a los dictados de arriba.
Que su paso por esta vida sirva al menos para una cosa: para que cuando vuelvan a sonreírte los de siempre prometiendo que cuidarán de tu futuro, te acuerdes de su cara, te acuerdes del 0,25%, y no caigas jamás en la misma trampa.»
Texto de: Carlos Garcés. 28 de octubre de 2026.