Cada vez que han surgido voces disidentes en el ámbito sanitario, especialmente desde un par de años antes de la plandemia de 2020, dichas voces han sido perseguidas y desacreditadas con saña. La doctora Bellostas fue inhabilitada para ejercer durante un año por advertir a los padres sobre el contenido de vacunas infantiles. De modo que la industria farmacéutica protegió sus intereses, siempre económicos, y ordeno su inhabilitación además de orquestar una campaña de desprestigio e insultos desde las redes sociales. Actualmente la persecución persiste con creadores de contenido que hacen vídeos ridiculizándola por ser doctora y católica y provocando absurdos comentarios de visitantes, pero cada año hay más estudios que insisten en una más que posible relación del incremento de tipos y cantidad de vacunas con el aumento exponencial de enfermedades.