Según estadísticas oficiales, el número de residentes musulmanes en los países de la Unión Europea más el Reino Unido, Suiza y Noruega supera actualmente los 32 millones de personas. concretamente, las comunidades más numerosas en cifras absolutas se encuentran en:
- Francia: Entre 5.4 y 5.7 millones (aprox. 8.8% de su población).
- Alemania: Unos 5.6 millones (aprox. 6.7% de su población).
- Reino Unido: Cerca de 4 millones (aprox. 6.5% de su población).
- España: Alcanza los 2.5 millones de personas, según las estimaciones demográficas actuales.
Factores de crecimiento: Los informes oficiales señalan que el aumento de este porcentaje en las últimas décadas se debe de forma compartida al impacto de la desbocada inmigración, tanto legal como ilegal, y a una estructura demográfica interna más joven, con una tasa de fertilidad promedio ligeramente más alta que la de la población europea no musulmana.
A esto habría que acompañar alicientes como la concesión indiscriminada de pagas (muy por encima de las concedidas a los nacionales de cada país) que abarcan desde las asignaciones otorgadas a cada inmigrante ilegal que llega, junto con las cantidades por hijo concedidas a las familias musulmanas, que en muchos casos convierten el tener familias numerosas como modo de financiación incluso sin tener necesidad de buscar empleo. Las ayudas a la alimentación, al alquiler de vivienda, transporte público… etc.
El planificado efecto llamada de una Europa mucho más prospera que los países de origen de esta inmigración fue cuidadosamente ideado e implementado durante los pasados cincuenta años. Una estrategia a largo plazo para la invasión de un continente y la completa anulación una sociedad que lleva más de un siglo en el punto de mira de las élites globales. Desde los medios oficialistas, todos ellos obedientes con el poder, y desde instancias políticas, instituciones, sistema educativo… todos ellos traidores a nuestras naciones y al servicio de la agenda global, siempre se ha negado la realidad del plan de reemplazo o plan de sustitución poblacional. Lo han negado a pesar de los datos, los hechos y las consecuencias que vivimos desde hace años. Es la realidad de lo que estamos viviendo en una Europa débil, acomplejada y degenerada en sus principios.